Por Juan E. Page
Miembro de la Sociedad Filatélica de Madrid
La “curiosidad” de José Manuel sobre “La reutilización en tiempos de crisis” me ha recordado la fábula esa de “Cuentan de un sabio que un día…”.
Porque reutilizar tarjetas nuevas, tapando el sello, denota cierta penuria o deseo de practicar una economía sostenible. Pero ¿Qué pasa cuando no hay ni papel? Muestro aquí dos casos, al menos curiosos, de supervivencia.
Cuando Checoslovaquia fue recuperando su soberanía al acabar la segunda Guerra Mundial y las estafetas reiniciaron su actividad, se encontraron dos problemas: no había material (los alemanes fueron en eso muy sistemáticos) y el poco que había era, claro, alemán.
Pues bien, la primera carta que muestro resuelve el problema de manera expeditiva.
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La estafeta de Karlovy Vary usa un sobre impreso en alemán con un texto del tipo “El jefe del seguro de salud empresarial del Reich” que se salta de un plumazo con una marca de goma que reza “El texto en alemán no es válido”. Y como no tiene matasellos, utiliza uno checoslovaco de antes de 1939 al que elimina el nombre alemán de la ciudad.
La carta es un escrito oficial dirigido a la estafeta de Sadov donde la reciben y, a falta de mejor solución, le dan la vuelta al sobre y, con ayuda de un matasellos provisional la devuelven, por cierto certificada, a Karlovy Vary. Eficaz y barato.
Pero aún más extrema debía de ser la situación en Cárpato Ucrania, región de abundantes bosques, en cuanto a disponibilidad de papel, dado que para comunicar una noticia se recurría… ¡a la corteza de árbol!
La carta que reproduzco está escrita en corteza de abedul y fechada en abril de 1939, en plena disputa fronteriza entre Eslovaquia y Hungría.